Estoy solo.
Entiendo a Hermógenes cuando habla. No lo comparto, pero conozco la sensación de quedarse solo, de perder a los antiguos compañeros de andanzas. Un presente que se va y el futuro que aparece tan imposible, tan irreal, pero sólo ante mis ojos. Llega el momento donde todos se conforman, donde todos encuentran su espacio. Donde se aceptan mansamente los beneficios, y se abandonan los que fueron claros pensamientos. Todo se recicla, se acata lo posmoderno. Fue decretada y promulgada la solución a los históricos problemas, y empezamos de nuevo, con nuevas luchas, con nuevos aliados. Y me rebelo frente a ese decreto. Los problemas siguen ahí, pero cómo los sigues viendo me dicen, si el gran líder ha dado vuelta la página, entramos en la historia moderna, el siglo XXI nos abraza con la posmodernidad tantas décadas anhelada. Y aceptamos eso. Todos aceptan eso. La democracia tambalea y nadie lo ve. Vivimos en una democracia declarativa, donde hay igualdad, libertad, todo en el papel. Declarada por el gran líder, donde las instituciones funcionan. Todo funciona. La Corte Suprema hace su trabajo a favor de las grandes empresas, los organismos del Estado como la CONAMA también. La Tesorería General de la República hace bien su trabajo, condonando deudas por 264 mil millones de pesos a los grandes grupos económicos de Chile. Pero ojalá no se atrase el pago de las contribuciones de la casa donde vivo, los remates de las casas de particulares están a la orden del día.
Pero me quedo solo. El ejemplo de la Tesorería muchos lo dudan. Lo descreen. Yo mismo estoy contaminado con ese virus, el primer correo que me llegó, alertando sobre el proyecto de Pascua Lama lo tomé por uno más de propaganda inventada, como los cientos de niños que sufren tumores de la más extraña naturaleza y que recibirán 1 centavo por cada reenvío. Y era verdad. El gran líder se está llevando nuestra capacidad para soñar en grande. Sueños siempre habrán, pero se van empequeñeciendo, avocándose a lo inmediato, a lo concreto. La magnitud de los ideales se mide de acuerdo a sus opuestos. No creo justo criticar a los demás por no tener ideales. Pero sí puedo decir que son ideales que no molestan a nadie. Ideales consensuados, nacidos y criados en esta eterna transición, que no es transición, porque no va a ninguna parte, sino que es la encarnación de la república pinochetista de Chile.
Quizás seguimos siendo los mismos indígenas que cambiaban sus pertenencias por pequeños pedazos de espejos. Nos seduce lo que brilla. Vemos los grandes tratados internacionales, nos meten en la cabeza que Cuando Chile Crece, Todos Crecemos, y vayan trabajando, todos los asalariados de Chile, en pos del crecimiento de la Patria. Y me pregunto desde cuando la Patria se identifica con los bolsillos de los dueños de Chile. Quizás desde siempre. Y nuestro gran líder socialista nos iba a salvar de eso. Nos dijo, sí, yo estaba presente Quiero que el mercado esté al servicio del ser humano, y no el ser humano al servicio del mercado. ¿Y que es visto 6 años después?. Más mercado que nunca. El país entregado a una tropa de economistas sin ética, empecinados en ser los mejores alumnos de sus profesores gringos. Ojalá volver a su auténtica madre patria, para ejercer algún puesto en un importante organismo, banco o universidad.
Y acá, quienes se quedan. Por un lado los derechistas de siempre. Los mismos que apoyan que se mate, torture y viole a medio mundo. Los mismos que piden más mercado. Que no son serviles a los grandes empresarios de Chile, sino que SON los grandes empresarios de Chile. Todos ricos a causa de robar durante 17 años. Pero que no les espanta que juzgue a Augusto I por quedarse con plata, pero si reclaman cuando lo quieren procesar por matar seres humanos. Ahora, en el reinado de Augusto IV, ya no se mata a tanta gente. Solo a un par de estudiantes y a uno que otro mapuche, nada escandaloso…Ya desde la época de Augusto III dicen que no se tortura en Chile, ¡que alegría saber que por escribir esto no me van a matar!....
En otro grupo están los antiguos compañeros de sueños y esperanzas. Abrazados ahora a una realidad brillante pero insulsa, que entrega todo el manejo del país a unos cuantos elegidos, pero por ellos, no por el pueblo. Y después hacen campañas todos los progresistas para incluir más personas en el sistema electoral. ¿Para qué, para pedirles que cada cierto tiempo concurran con sus votos a legitimar a los designados por los partidos gobernantes? Tremenda democracia la que se forja en la constitución del Augusto I, y en sus leyes que aún nos rigen. Somos estables, si no estaríamos como Bolivia, me reclaman. O como Venezuela, gobernada por un dictador, dicen algunos, establemente ignorantes. Yo feliz votaría por Hugo Chávez en Chile. Hay que nacionalizar la gran minería. Es vital, sobretodo en esta época convulsionada, donde las materias primas son más necesarias que nunca. Pero no, acá estamos orgullos de que los contratos-leyes se cumplen. ¡Si eso es un invento de la dictadura! Pero los sucesores del trono de Augusto I quieren ser buenos muchachos, ordenados y compuestos. Guían a Chile hacia el desarrollo. Es posible que hoy día el Santiago alto no tiene nada que envidiarle a los mejores barrios de las ciudades más desarrolladas del mundo. Qué importa los cinturones de miseria, las calles eternamente anegadas por estar mal hechas, las inundaciones, el pueblo mal de la cabeza, con una de las tasas más altas del mundo en cuanto a enfermedades mentales de mundo. Que importa dirá el gran líder y sus secuaces, y todos los aspirantes al trono de Augusto I. Que importa si es un país que ahora no tengo ni siquiera que ver. Que importan si son tontos, si igual me van a votar, si igual me van a aplaudir. Que importan si salgo en la tele. Quizás que más cosas pensarán los pre augustillos. Y los agustines, anacletos, andrónicos, eleodoros y sus vasallos.
¿Y porqué estoy solo, si todavía quedan más personas? Porque acá está lleno de mapuchistas recalcitrantes, de feministas odiantes, de hippies buena onda, de estanililstas furibundos. Tampoco es mi espacio. Yo no quiero un caos, quiero un nuevo orden. Donde finalmente el Estado se preocupe que las personas alcancen su máximo desarrollo material y espiritual, y no solamente se ocupe del desarrollo material de los negocios.
Quiero un país donde haya democracia efectiva, donde puedan participar en elecciones todos los que quieran, donde haya un sistema electoral inclusivo y no excluyente como el actual. Donde la educación sea excelente y gratuita para todos los que no puedan pagar, y con aranceles ajustados a la capacidad económica familiar. Donde se prohíba lucrar con la educación. Un país que entienda que su primera obligación es para con sus ciudadanos, y luego los demás. Donde nadie se muera por falta de plata, donde no sea necesario hacer colectas e ir a llorar a la tele para juntar plata para una enfermedad grave. ¿Y que ha hecho nuestro gran líder? Ahorrarle pagar contribuciones a las grandes empresas, ocuparse de no subirles los impuestos, porque claro, no se les pueden cambiar las reglas de juego, pero al pueblo sí, subámosle el IVA, total ellos no tienen voz que ser oída.
Pero estoy solo, y solo no puedo. La política en Chile al parecer no tiene remedio. Si nadie quiere hacer algo, allá ellos. Yo llevo un par de años poniendo el hombro en todo lo que puedo, pero nada parece servir. Con gente tan traumada, con tantos miedos, tan envidiosa y discriminadora como somos, es muy poco lo que puedo hacer.
Solamente me abriga la esperanza de que más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. Quizás no es el momento para hombres y mujeres libres, pero tristemente aislados.

1 comentario:
Osocracia...
Publicar un comentario