Demás está decir que no se trata de un atentado contra nada, ya que simplemente fue el ejercicio de una potestad soberana del Estado venezolano.
Es más, ese canal jugó un papel determinante en el golpe de Estado contra Chávez, y una vez que el pueblo venezolano desbarató el golpismo, y repuso a su presidente en el poder, nadie se hubiese extrañado si lo hubiese cerrado en ese momento.
Pero no, el presidente Chávez no lo hizo. Ahora que vencía la concesión radiotelevisiva, simplemente no la renovó. Nada de ilegal hay en eso. Los Estados no tienen obligación de renovar perpetuamente las concesiones. Por algo es una concesión, que tiene un plazo de duración determinado.

En Chile debería pasar algo parecido. Pero no, se entiende que las diferentes señales de televisión abierta son propiedad y no concesiones. Y más encima, ahora que se quiere ampliar la cantidad de canales abiertos, mediante la adopción de la norma digital europea, los canales existentes se oponen a mayor competencia, y por eso hacen presión y lobby para que se adopte la restrictiva y cara norma estadounidense.
Chávez también ha destacado por otorgar 18 millones de dólares a Danny Glover (Roger Murtaugh, el policía negro que andaba con Mel Gibson en Arma Mortal 1,2,3 y 4), para que realice una super producción sobre la independencia de Haití. Finalmente empezaremos a mirar nuestra historia, sí, la historia de América Latina, desde nuestros ojos, y no las versiones esteotipadas que Hollywood a recreado durante casi un siglo, y que se asumen como reales a estas alturas.
Acá en Chile podríamos pensar en algo parecido, si tuviésemos la intención de "cambiar el modo de vivir y abrir esperanzas realistas de un país más igualitario y más libre". En lugar de destinar millones a negociados, como pasa con el FONDART y sus adjudicaciones, para hacer películas aburridas, fomes, intrascendentes, mínimas y anecdóticas, podríamos usar esos recursos para proyectar un deseo de cambio de las condiciones de vida, para proyectar un metarrelato, usando el arte para crear una nueva conciencia, cambiando la cultura que nos heredó la dictadura y que en tan buen pie sigue hasta el día de hoy.
Podríamos estar pensando en revisar las concesiones televisivas, ver cuando caducan, y exigir mejores contenidos. Si mal que mal, son concesiones sobre un bien de uso público, como lo es el espectro radioeléctrico nacional. "Es que la gente quiere farándula", dirán algunos liberales. Y yo les pregunto: ¿Acaso tienen otra alternativa? ¿Acaso en la televisión abierta hay otras propuestas?
Modernidad latinoamericana, que tanto añoro en mi país. Donde se discutiese seriamente el desfalco que se nos produce día a día con el cobre, la mala calidad del aire en tantas de nuestras ciudades, el modelo económico deprededador de las personas y del medio ambiente, la ceguera para impulsar políticas energéticas, los miles de episodios de trato indigno que ocurren todos los días contra los más pobres.
Pero no, en mayo de 2007, el Mercurio publica con jolgorio un artículo en su revista "El Sábado", titulado "La emancipación de la clase media"
"Claro, porque son los hijos emancipados de la izquierda y se están comportando como brutos, endeudándose, consumiendo. Y para más remate son lo políticamente incorrectos: les gusta la farándula, ven SQP, y no sienten vergüenza".
"Hay un 40 por ciento de personas (fundamentalmente de clase media y j�venes) a quienes les da lo mismo si el próximo gobierno es de la Alianza, la Concertación o la izquierda extraparlamentaria. 'Piensan que haga lo que haga el gobierno, su destino depende de ellos mismos. Por eso muchos no votan'"
"No viven en un mundo de sueños colectivos, sino crecientemente en uno de proyectos personales. La retórica del ciudadano les parece cada día más ajena. En cambio, aparecen otras, vinculadas fundamentalmente a la defensa del consumidor, la calidad de los servicios y la meritocracia."
No me caben dudas de lo tendencioso del estudio, mal que mal es de la Universidad del Desarrollo. Pero sin duda presenta, con gran alegría, el fin de los metarrelatos, el fin de las utopías, en suma, lo peor de la posmodernidad.
Y pensar que hay personas que se dicen de izquierda que se compran el cuento de la posmodernidad, y el fin de todo lo que caracterizó a la izquierda.
Sí, me dirán que los tiempos son así, que no hay nada más que hacer, que es lo que hay, y otra serie de cosas. Bueno, precisamente no conformarse con lo que hay, es ser de izquierda. Querer mantener el orden de las cosas, tremendamente injusto por lo demás, es una actitud reaccionaria y de derechas. Aunque sean progres, como este parcito, entre otros:


2 comentarios:
Ojala que algun dia Venezuela sea un gran pais y se ría de sus detractores y del resto de america latina cornetera. Y bueno, que cambie ese nombre peyorativo que tiene derivado de Venecia. Igual suena feo. Bueno, eso es lo que leí en un libro por ahi, se veia bastate fidedigno.
Un abrazo primo. Saludos!
ojala que en chile, al igual que en venezuela, algun dia, el presidente de la republica tenga poderes ilimitados de hacer lo que le venga en gana, pueda cerrar medios de comunicacion sin darle a nadie explicaciones por el solo hecho de considerarlos "golpistas", tenga el derecho de echar de su pais a cualquiera por el solo hecho de criticarlo, pueda aprobrar leyes que le permitan mantenerse eternamente en el cargo (y asi enriquecer la democracia que tanto uds. alaban), esmerarse en unir a todoun continente en su ideologia, y,al igual que EEUU, tratar de enemigos a los que no comparten su forma de pensar. Ojala eso pase algun dia en Chile, y se permita el crecimiento de la democracia y de las ideas divergentes.
VIVA VENEZUELA
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